Carlos Rubio Carvajal: el arquitecto de Madrid

Hablamos con el arquitecto al frente de la ampliación del Museo del Prado

Entrevista de Antonio Mañas

En primer lugar enhorabuena por el nuevo éxito cosechado por Rubio Arquitectura junto a Foster+Partners. ¿Qué supone un proyecto como éste para la ciudad de Madrid?

Mil gracias, estamos, como te puedes suponer encantados. Trabajar para el Prado es un inmenso honor y si además es junto a Norman Foster, el honor es doble.

Este proyecto viene a completar el, que podemos llamar, campus del Prado, campus que conforman el edificio de Villanueva, la ampliación de Moneo, el Casón del Buen Retiro y ahora el Salón de Reinos.

La propuesta además de ampliar la capacidad del museo pone en valor un espacio público de máxima relevancia. A nosotros nos ha permitido profundizar en la historia del edificio y el lugar y una vez más reflexionar sobre el patrimonio construido y como intervenir sobre él.

El museo del Prado es una de las instituciones más prestigiosas del país y desde luego significa algo muy importante para Madrid. ¿Cómo ha sido trabajar con Norman Foster?

Compartir un concurso de la relevancia de éste con una figura de la talla de Norman Foster es algo muy especial. Una experiencia estimulante y gratificante.

Todos tenemos nuestros héroes de la infancia pero también, como en mi caso, podemos tener héroes en la madurez y Norman Foster es ahora mi héroe favorito.

Norman Foster es uno de los grandes. Uno de los grandes arquitectos del siglo XX y XXI y trabajar, escuchar, debatir, consensuar y aprender junto a él es, como ya he dicho antes, un privilegio y una experiencia que jamás podré olvidar.

¿Qué proyectos se están desarrollando actualmente en el estudio?

Por suerte tenemos trabajo. El teléfono no ha dejado de sonar y estamos trabajando en proyectos muy variados y diferentes tanto en España como en el extranjero; proyectos de gran escala y proyectos pequeños, de diseño y ordenación urbana, de paisajismo, de rehabilitación y de nueva planta, edificios comerciales, de oficinas y de viviendas, sobre todo viviendas y siempre concursos. El concurso sigue siendo nuestra principal fuente para conseguir encargos.

¿Qué importancia tiene la envolvente en los edificios que proyectas?

La envolvente es la parte más visible de la arquitectura, es la imagen que ofrece hacia espacio público. La fachada es la cara con la que la arquitectura se muestra en la escena urbana. Puede, en algunos casos, tener una relación muy directa con la condición de sostenibilidad y eficiencia energética que todo edificio debe satisfacer hoy en día.

La torre SyV, hoy Torre PwC, es un claro ejemplo del protagonismo de la envolvente, que comentas. Allí exploramos una doble piel abierta, de escamas de vidrio oscuro, que protege y unifica la imagen de la torre. Se crea, así, un colchón térmico en torno al edificio que, a modo de unas gafas de sol, lo pone a la sombra, evita su recalentamiento y reduce la fuerza de la radiación solar.

Pero la envolvente no creo que sea algo que pueda entenderse de manera autónoma desligada de la planta y la sección. El hecho arquitectónico es algo más complejo que debe responder a una necesidad analizada y entendida con ánimo de servicio y exigencia de ser bello.

Coincido con Le Corbusier en que la gran batalla del proyecto de arquitectura está en la planta. Cuando la planta queda definida el problema está resuelto. En la planta está todo, o casi todo; sección, programa e imagen.

¿Cómo surge tu vocación por la arquitectura?

Es difícil decir cuando se toma una decisión tan importante. En mi caso siempre me ha gustado dibujar y ya se sabe que cuando un niño dibuja bien está predestinado a ser arquitecto. A esto hay que unir la influencia que mi tío Javier Carvajal ejercía sobre mí, mis hermanos y mis primos. La gran personalidad de Javier y sus consejos fueron determinantes para que a los dieciséis años tomara la firme decisión de ser arquitecto.

¿Algún día regresarás a la docencia de manera más activa?

La docencia ha sido muy importante en mi vida y es algo que también debo a mi tío Javier quien me invitó, al acabar la carrera, a entrar en su cátedra.

Javier Carvajal era catedrático de proyectos en tercer curso y cuando aprobé su asignatura le pedí hacer prácticas en su estudio y allí seguí durante toda mi época de estudiante, mientras me ganaba un sueldo haciendo caricaturas para diferentes periódicos.

Allí aprendí todo sobre la profesión, algo que no se enseñaba en la Escuela. Aprendí lo que era un proyecto, a llevar una obra, lo que era un estudio y la relación con los clientes. Pero sobre todo aprendí de él, viéndole sobre el tablero dibujar horas y horas, con el paralex y el pico-pato, con una precisión milimétrica. Decían de él que ponía cotas al agua y al aire.

Cuando entregué el Proyecto Fin de Carrera me invitó a entrar en su cátedra como profesor y durante 26 años ininterrumpidos estuve dando clases de proyectos arquitectónicos en la ETSAM. Creo sinceramente que la exigencia de dar clases casi a diario ha marcado mi vida profesional que, con toda seguridad, hubiera sido muy distinta. Dejé la enseñanza reglada en el año 2004, pero he seguido ligado a la docencia, de forma esporádica, en distintas universidades.

¿Cuál es su vinculación al Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid?

Ahora mismo, y si nada lo impide, formo parte de la Junta de Gobierno del Colegio que preside el Decano José María Ezquiaga.

Entre mis cometidos soy el representante del COAM en la Comisión Local del Patrimonio Histórico. Se trata de una comisión mixta, Comunidad-Ayuntamiento, que actualmente preside la Directora General de Patrimonio de la Comunidad de Madrid, Paloma Sobrini. Esto me ha permitido conocer más en profundidad la ciudad de Madrid y los distintos grados de protección del Patrimonio Arquitectónico así como entender la complejidad de intervenir en él.