Menos es más con los niños

¿Cuándo mucho se convierte en demasiado? La frase me hace pensar. Nuestros hijos tienen suerte, viven con mucho más de lo que necesitan. La nuestra es la sociedad del bienestar, del “tener”, de la inmediatez, del ahora. Y eso que tiene muchas ventajas también tiene ciertos riesgos: no hay lugar para el aburrimiento, para dejar volar la imaginación.

 

Estar expuestos a demasiados estímulos provoca un estrés que se va acumulando y obliga a los niños a desarrollar estrategias para sentirse a salvo: demasiadas extraescolares, tareas, idiomas, pelis, juegos electrónicos…  Los niños de hoy están expuestos a un flujo constante de información que no son capaces de procesar.

Los niños son niños. Y aunque el resto del año deberíamos intentar frenar esa corriente, en verano sí que debería ser obligatorio: desconectar y descansar. Jugar a lo de siempre. Esa es la prioridad: darles libertad, más que nunca para jugar.

 

 

Revolcarse por la hierba. Buscar hormigas. Recoger hojas, bañarse en el mar y hacer naves espaciales en la arena.

Los niños tienen derecho a aburrirse. Y yo quiero vivir despacio con ellos estas semanas. Nada de cargarles con demasiados planes. Este verano mi prioridad va a ser jugar y descubrir al ritmo que ellos me pidan.

Mañana nos vamos a Holanda y ya estoy contando las horas para disfrutar de este país.

¿Te apuntas a vivir despacio en agosto?

 

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