Notas de Estilo desde Colombiamoda, 2

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 Observaciones de una escritora y crítica en el segundo día de la semana de la moda de Colombia.

Vanessa Rosales

Siempre hay un halo de expectativa que rodea las primicias de un talento nuevo y prometedor. Kika Vargas es, en este caso, un ejemplo preciso de tal estela en ascenso. La diseñadora ha gozado el privilegio de haber tenido formaciones en el extranjero y de emprender una cacería exitosa de coqueteos comerciales en Nueva York. Hace unos años, la estilista más notoria del país, Catalina Zuluaga, me confesó, en una de nuestras conversaciones, que Kika era, para ella, uno de los mejores talentos de diseño en el país. En ese entonces, la diseñadora había desvelado su voz visual en el Círculo de la Moda de Bogotá, con visiones esculturales de delicada terminación.

Su debut en Colombiamoda fue el segundo día, cuando las modelos emergieron solemnes en la oscuridad del precinto, quietas y de pie bajo paneles blancos con cascadas florales y blancas. El primer look, un abrigo blush, y escultural, estilizado con sandalias tipo Birkenstock que lucían detalles florales, hizo eco a algunas premisas de Phoebe Philo en Céline, quien ha osado componer opciones femeninas que acogen el confort – algo raro en la moda clásica y cada vez más presencial en las elecciones de la mujer activa.

Que Kika haya enviado a sus modelos a la pasarela con un estilismo así y que ella misma haya merodeado el backstage con los mismos zapatos – y una exquisita falda rosa con acabados laterales de brillo ornamental – revela que la suya es una perspectiva que invita a la mujer colombiana a salirse de las habituales opciones del vestir, aprendidas en los arquetipos de lo que es la feminidad latina.

Un exquisito abrigo floral, estilizado con un choker en varias capas de perlas; los azules tenues, grises tipo humo y los blancos de perla; las capas de silueta péplum, montadas en simetrías juguetonas de construcción fueron todos eslabones en una cadena estética que jugó con lo boxy y la fluidez. Las cinturas caídas y las siluetas hablan de una potencia: la posibilidad de que surja una nueva mujer en Colombia, más dispuesta a vestirse de acuerdo al performance que a la seducción de la mirada masculina.

Pero es justo ahí donde la visión peligra, en que el lenguaje de ese vestir puede ser difícil de digerir para un tipo de mujer que prefiere adornarse en siluetas que abrasen el cuerpo. Es allí también donde reluce la gran virtud de Kika, su afiliación con un diseño que coquetea no sólo con el lenguaje que permite una comercialización global, sino también con uno que revela los matices de su afinidad por el arte y su afilada manera de traducir lo que sucede en la moda global con sus propios tintes.

A veces una diseñadora es su mejor modelo – como Chanel en su tiempo y como Philo en nuestros días – y Kika apareció en la pasarela con un ensamble que resume el espíritu de su colección y que revela lo que puede ser más wearable para la mujer que aún no se atreve a alejarse demasiado de los senderos que le han enseñado a vestirse para seducir.

Si la moda de hoy es bidimensional, vista sobre todo en pantallas digitales, y mayoritariamente plana, la muestra de Kika, en vivo, habla sobre los efectos que puede tener presenciar la ropa en directo. Palpar sus estados anímicos, los movimientos de los textiles en el cuerpo de las modelos. La colección, con sus construcciones de geometría, sus brillos inesperados y sus siluetas armó un tipo de romanticismo digital.

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La muestra de alguien como Kika revela cómo las pasarelas en Colombiamoda coquetean también con nuevos ideales de diseño y visión. Pero más tarde, una de las muestras más esperadas y concurridas, la de Studio F, habló también sobre cómo la moda en Colombia sigue siendo sobre todo un asunto de marcas, una dirección comercial. Estas fuerzas son apenas naturales en un país cuya cultura estética no puede desentenderse ni disociarse de sus condiciones políticas y sociales. Donde la mayoría de las mujeres no aprehenden la visión de Kika, sino que se identifican – y pueden comprar – Studio F. Hace unos años, escribí una columna sobre la marca, sembrando preguntas sobre el por qué de su abrumador y visible éxito. La identidad de Studio F parece estar fundamentada en la afirmación de que una mujer debe ser sobre todas las cosas sexy – según los estándares de la masculinidad.

(Iza Goulart, la modelo brasilera, hizo dos apariciones fugaces en la pasarela y su último momento recibió efusivos aplausos, como la de Alessandra Ambrosio hace un año – ambos ejemplos demuestran que moda y belleza se confunden con frecuencia en nuestro país.)

Pero la pasarela de Studio F ensayó reflejar lo que se rumora: que la marca está haciendo esfuerzos de transformación para lograr una estética más globalizada. Hubo looks típicos en ellos – cargados de denim sobre denim, con caderas caídas, visos vaqueros, pantalones tipo harén con estampado de leopardo (un look a tono con la estética de muchas de las acudientes locales a la feria). Es difícil, en lo que a mi respecta, observar a Studio F por fuera de las connotaciones de estética narco que ha sembrado en años pasados. Pero mi observación actual tiene más que ver con analizar las fuerzas que moldean ciertas estéticas, y menos con descartarlas por lo que puedan parecer.

Lo que sí puede quedar claro, tal vez, es que Studio F tiene tanta magia sobre una gran cantidad de mujeres colombianas porque logra saciar el apetito que muchas tienen por ser sexys y deseables. Ese ideal, en el vestir, tiene que ver con culturas locales y sus sistemas de gustos y valores particulares. Los looks vaqueros, una chaqueta tipo bomber dorada, un vestido de lunares en denim, y una cartera que calca la silueta de Chanel pero en versión amarillo intenso reflejan la esencia de una marca que piensa en una mujer que quiere ser vista cuando se viste. Que no quiere ser invisible, sino conspicua, que quiere atraer miradas y si puede, generar también deseo masculino.

Pero hay algo más que Studio F ofrece y que explica su éxito también: sus precios accesibles y su capacidad de permitir que las mujeres sueñen con algo que se parece a lo que está pasando en la moda de afuera – cada vez más fácil de ver en un mundo dominado por tecnologías digitales. La cartera tipo Chanel y la imitación frontal de la silueta trapecio de Céline son pruebas de eso. Algo muy similar a lo que Zara pero que en Studio F se distingue porque logra hablarle a la mujer colombiana y latina, a la que concibe el vestir asociada a la belleza y su nivel de deseabilidad.

También es cierto que Studio F es bastante fiel a sí mismo y que mantiene una estética consistente. Pero esta vez, algo sucedió en la pasarela: se vio una especie de puja entre dos fuerzas, entre esa estética insigne que los caracteriza y un intento por parecerse más a algo más a tono con la moda global del momento. Un look de falda midi fue prueba de eso, así como un ensamble que destapó los hombros, con blusa y pantalón estampados de la misma manera; también una chaqueta tipo biker, larga, azul eléctrica. Los trajes de baño y la línea playera fueron tropicalistas y femeninos, deseables y frescos. Pero la colección parecía un collage, de muchas perspectivas, y que puede llevar al acudiene a sentir un poco de tedio. El hilo conductor parecía estar en los looks asertivamente vistosos, hechos para una mujer que quiere generar deseo explícito. Hecho que comprueba por qué Studio F es una marca comercial, y no un agente de moda. Su éxito, sin embargo, es un caso que vale la pena mantener bajo análisis.

Es interesante, sin embargo, ver el contraste entre el tipo de feminidad que plantea una marca como Studio F y una diseñadora como Renata Lozano. La identidad estética de Renata es pulida y femenina sin usar sobradamente la sexualidad para verse sensual. Hay tintes extranjeros – tipo sporty de Norteamérica o minimalistas de Europa – pero su ropa retiene la cualidad de una mujer que se cultiva a sí misma, que tiene curvas y que también logra ser sexy sin recurrir a los elementos que aparecen, con frecuencia, en Studio F. Chalecos que actúan como blazers, con el mismo chic pulido; pantalones que no se ciernen al cuerpo pero que permiten leer las formas femeninas, que dotan a la usuaria de cierta libertad de movimiento y con eso, un grado de confianza y poder. Sus colores siempre son magníficos y algunos looks, como un vestido corto, utilizado con una chaqueta sobre los hombros, no es exactamente innovador o espectacular en su composición, pero sí apela a la mujer de moda local, a la que quiere combinar un poco de la feminidad seductora con cortes más angulares y urbanos.

La moda no puede separarse del gusto. Y los gustos son formados por un abanico de elementos. Primero, el contexto. El lugar, la época, el régimen de valores estéticos. Todos formados por minucias que varían de contexto en contexto. Para algunas mujeres en Colombia, Studio F es el ideal estético, su visión de fashionable dress. Les permite conciliar su deseo de ser conspicuas sexualmente al tiempo que gozan de la posibilidad de sentirse conectadas con lo que la marca las persuade es moda internacional. Para otras, Renata Lozano – o el fondo de su identidad – es el camino. Uno de poco riesgo pero de feminidad sofisticada, angular, confortable y sensual. Las que se adhieran a la mirada de Kika saben que lo suyo es más el performance y la posibilidad de vestirse de una manera que puede complacer los sentidos de moda de las mujeres, más no necesariamente los apetitos masculinos.

En la audiencia de la feria, las posturas también se hacen ver. En el almuerzo a media tarde de Cranberry Chic, una nueva red digital que acoge la multiplicidad estilística de líderes de estilo local, un séquito de mujeres demostró que entre los opuestos se están cultivando los matices de un eclecticismo emocionante que es tropicalista y femenino, que puede ser angular y parisino o europeo, que puede tener una deslumbrante imaginación o que puede combinar elementos ultra-femeninos con elementos utilitarios. Faldas pitillo marcadamente florales con pelos largos, ondulados y labios rojos. Tops cortos tipo corset, con faldas pitillo y sandalias sexy de tacón. Combinaciones vivaces de tenis Adidas con faldas estampadas y t-shirts, con joyería, gafas de sol y sombreros. Mujeres que arman una sinfonía gráfica de elementos que contrastan con exquisita armonía. Para mí este eclecticismo exuberante y diverso puede llamarse en ciertas instancias Caribbean Chic.

En Colombia, las pasarelas van ilustrando el camino de una identidad en formación. Las mujeres, por su lado, van expresando sus gustos, distintos, variables,  índices de cómo la feminidad y sus versiones se expresan en el vestir.

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