Diario de un confinamiento #1

“Era miércoles 1 de abril y me disponía a salir de casa después de 17 días sin hacerlo.”

Me apetecía salir y respirar hondo y nuestra despensa necesitaba una visita al supermercado.

Para cuando lea este post dentro de algunos años: El mundo vive una situación de alerta sanitaria con más de 60 mil muertos y más de 1 millón de infectados diagnosticados, por un virus maligno al que llaman Covid-19. Tú estás enfadada con los que se llaman expertos y no entiendes cómo es posible que hayan permitido a esta situación tan grave llegar tan lejos. 

Querido diario,

me siento triste. Soy incapaz de poner mi mente en modo felicidad. También me siento afortunada y eso me ayuda a manejar los días. Todos sanos, casos cercanos que van saliendo adelante y un hogar confortable y maravilloso, en compañía de mis dos chicos, desde el que vivir esta emergencia. Nos sentimos auténticos privilegiados pero también tristes. ¿Cómo no estarlo? ¿Cómo se consigue no estarlo? Cuánta gente sufriendo, cuántas situaciones difíciles se deben estar viviendo en España, claro, pero sobre todo en esos lugares en los que hay escasez, tensión, guerras…

A mí esta situación me está regalando muchos pensamientos y reflexiones pero también experiencias que no me gustaría olvidar y por eso hoy, os cuento esta.

Eran las 18:30h aproximadamente y mi yo con guantes y mascarilla nos disponíamos a salir de casa con varias bolsas de tela colgadas del hombro y ganas de sentir el sol encima de las capas de ropa que aún son necesarias en Madrid.

Justo al salir del portal noté la primera diferencia. Respiré hondo y, ¡oh! El día era soleado pero frío y el aire, ¡qué impresión! el aire era fresco, seco y tan, tan limpio… Respiré hondo varias veces más sin moverme del sitio, sintiendo el solecito en mi cara y sin escuchar literalmente, ni un alma. Respirar con consciencia aire limpio. Creo que fue un bonito regalo para mis pulmones.

Empecé a caminar y a notar cómo el sol que me daba en todo el cuerpo, generaba en mí una sensación de cosquilleo que me recorría entera; desde los pies hasta la cabeza. Ojalá sepáis de qué sensación os hablo porque es parecida a cuando después de hacer el amor, te quedas dentro de la cama y te acarician. O cuando tu bebé te coge la cara con sus manitas para chocar su nariz con la tuya. O cuando alguien a quien amas te da un suave beso en los párpados…

En el camino hacia mi destino me sentí muy extraña; como viviendo en otra galaxia, en otra sociedad, en otro momento diferente al que vivía justo antes del estado de alarma.

Las mismas calles que antes estaban llenas de vida estaban vacías, los negocios cerrados, ni un coche circulando, ni un suspiro. Los árboles que hace algunas semanas seguían sin una hoja empezaban ya a florecer y a lo lejos, alguna persona tratando de no cruzarse conmigo, ni a dos metros de distancia.  Al llegar al supermercado, un protocolo surrealista. Hacíamos una fila en la calle y nos separábamos por al menos un metro; por seguridad. Una persona en la puerta asegurándose de que cada uno que entra se desinfecta con alcohol las manos y se pone unos guantes de plástico. También hay turnos. Solo 5 clientes dentro del establecimiento. Uno sale, y tú entras. Y al cruzarnos, lo hacemos cabizbajos, mirándonos de reojo y tratando de no tener ningún tipo de contacto físico ni casi visual.

Me resultó muy impactante la sensación de mirar a las personas a los ojos y hacerlo como si fuéramos algo así como enemigos, peligrosos, intentando por todos los medios que nuestros cuerpos se mantengan a la distancia recomendada pero a la vez, con una mirada deseosa de interacción; miradas que transmiten miedo e incertidumbre pero también complicidad, compasión, resignación.

Al salir de allí cargada de bolsas, el mismo escenario me esperaba. Mi Madrid completamente vacío, y silencio sepulcral. Vuelta a mis cuatro paredes.

Entonces, empecé a notar como uno, después otro, y otro, y otro vecino abrían sus ventanas, los más afortunados sus balcones y salían a gritarle al mundo con un aplauso que empezó tímido y se convirtió en intenso y conmovedor, que estaban ahí. No podía dejar de mirar hacia arriba. Personas solas, otras acompañadas, todas asomadas a las ventanas aplaudiendo sin parar. Estoy segura de que aunque el aplauso surgió como homenaje a aquellos que trabajan en primera línea para que el resto vivamos todo esto de la mejor forma posible, ahora es mucho más que eso. Es una forma de apoyarnos, de decirnos en la distancia de una ventana a otra que estamos juntos en esto, esperando con muchas ganas el bien común.

Sigo sin llorar como antes de ser mamá pero ese día lloré un montón. Me emocionó pensar en las miles y miles y miles de personas en situación de confinamiento, lejos de sus familias, con sus circunstancias más o menos fáciles.

Las 20h se ha convertido en mi momento favorito del día. Salgo a la ventana sí o sí y aplaudo y me emociono mirando a mis vecinos saludarme y bailar y sonreír y llorar.

Os mando un abrazo virtual lleno de ánimo y mucha fuerza para todos los que estáis viviendo momentos difíciles ahora. Ojalá todo esto sirva para algo grande, importante y positivo.

Hace unos días leí que después de vivencias tan importantes como esta, surgen cambios “a mejor”. Tanto sufrimiento de tantas personas alrededor del mundo merece que todos luchemos por ese cambio.

Muchísimas gracias por estar ahí.

Mientras todo esto pasa la tierra respira… 


“Duele, duele un montón. Pero va a pasar, y cuando sane, más fuerte vas a brillar, más alto vas a volar, más libre vas a soñar. Y vas a entender, que algunas historias terminan, para que otras puedan empezar”

El Principito-


Fotos: Euronews + Viajar.Elperiodico.com

10 comentarios en “Diario de un confinamiento #1

  1. Olguita,cómo empatizo con tu sentir!!
    Cómo se valora tener un cielo sobre nosotros,cómo se valora un aire limpio que invade nuestros pulmones!!
    Hoy saqué a pasear a Lizzie,mi perrita..al atardecer…y cómo me emocioné al ver el horizonte lleno de colores ocres,anaranjados ,rojos
    Un atardecer hermoso!!
    Ese cielo está para todos nosotros!! Buena salud!!

  2. Es ese sentimiento: afortunada y triste a la vez. Ánimo! 🥰

  3. Hola Olguita.
    Empatizo totalmente con tus palabras. Es un emotivo y sincero texto.
    Esta situación me cuestiona:
    “el silencio nos está hablando a gritos. ¿Sabremos escucharlo?”.
    Quiero pensar que toda esta situación es para mejorar algo. Ojalá sea así.
    Feliz domingo familia ‼️🤩🤩🤩🤩

  4. El sentimiento es de saber que estás a salvo en casa pero que fuera está sucediendo algo horrible y caótico que sólo ves en la tele. Me siento afortunada pero mal a la vez. Creo que esto es una llamada de atención y que cuando pase no va a servir de nada porque la sociedad en la que vivimos es así, egoista.No he salido a la calle nada más que a tirar la basura y lo hago cada dos días y la tengo a unos 20 metros. La suerte que tenemos patio, pero necesito ese paseo sintiendo el aire. En casa hemos establecido que la compra la haga mi marido que es el que va a trabajar y que sólo sea él el que corra riesgo. Esto me produce un sentimiento de culpa y egoísmo horrible porque quiero protegerle pero se que es lo mejor. Vamos que estoy a punto de explotar. Espero que esto de verdad nos sirva de mucho. Un abrazo Olga, cuidaros que sabes que te aprecio mucho muchísimo.

  5. Que manera de contarlo más bonita !!! Me emocioné muchísimo al leerlo, gracias.

  6. Que bonito …..que montón de sensaciones especiales y raras tenemos estos dias….pero cuando una ha enfermado por el maldito virus y lo ha pasado muy mal y tiene en el hospital a uno de sus hijos y su marido….y mas triste todavia haber perdido a mi padre hace una semana y no haberle podido ni decir adios….esas sensaciones especiales y raras se convierten en “demonios”….y vamos a necesitar mucho tiempo para que el cielo nos vuelva a parecer limpio y azul…..y volverá a serlo.
    Solo espero que no perdamos la memoria.

    Gracias Olga.

  7. Yo tuve la misma sensación, después de dos semanas encerrada en casa salí a comprar y la sensación fue horrible. Me crucé con poca gente pero con los que lo hice no nos mirábamos a los ojos, no nos saludabamos, no nos sonreiamos…llegué a casa con una pena y una sensación muy esxtraña. Imagino que tardaremos en recuperar la normalidad, los besos, los abrazos, las sonrisas, los gestos de cariño pero espero que vuelvan pronto!
    En mi caso se añade un poco más de tristeza, en mi bloque no aplaude nadie(solo mi casa y un vecino más) no hay música, bailes, sonrisas cómplices desde los balcones así que no tengo ni la ilusión de las 20h.
    Ojalá esto nos sirva para cambiar. Necesitamos un mundo mejor❤️

  8. Muy identificada, gracias! Me agobia un poco ver tanta “felicidad “ en redes y yo a pesar de ser muy afortunada, sentir tanta tristeza y preocupación. Un abrazo y ánimo

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