La receta para ser feliz

Ha sido un comentario vuestro en facebook el que me ha hecho sentarme delante del ordenador a escribir: «Yo lo llamo ley de compensación, este es tu año«, me escribía una tal Andrea Gutierrez. Hace dos días os conté que acabo de fichar como colaboradora de la Guía Repsol y ayer anuncié que he sido elegida como finalista de #BlogueraGold por #AmericanExpress ( y esto qué es? un concurso en el que varios blogueros competimos contando un viaje). Grandes noticias y alegrías sí. Una reflexión gracias a ti, querida Andrea.

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«Ley de compensación». ¿Existe de verdad algo así?  ¿Es verdad que la vida sube y baja? Yo toqué fondo y ahora parece que todo va cuesta arriba. ¿Hasta cuándo?

Casualidades de la vida hoy me encuentro un interesante reportaje sobre la felicidad. Tengo la tonta manía de leer mucho sobre felicidad y resiliencia, como si por leerlo fuera a serlo más. Pero el que habla no es cualquiera, es el psicólogo de Havard, Dan Gilbert, gurú de la receta para ser felices.

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«El 75% de las personas vuelven a ser felices en los dos años posteriores al peor trauma que te puedas imaginar«. Y lo dice con estudios y demostraciones científicas. Me fascina la capacidad que tiene el ser humano para sobreponerse y luchar ante cualquier cosa. El final de mi historia con Bárbara fue feliz pero… y si no lo hubiera sido? ¿Habría sido feliz?

Según Gilbert, sí.

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Lo pienso a menudo cuando miro a esta niña alegre y sociable que va por la vida con una sonrisa, saludando con su manita y gritando «Holaaa» a todo el que la mira. Ni premios ni marcas ni reconocimiento pueden igualar lo que siento cada vez que la veo hacer el cucu-tas y reir a carcajadas o perseguir a sus hermanos y quejarse en su idioma si no le hacen caso. Bárbara tiene carácter, cómo no. Llegó al mundo pisando fuerte y a día de hoy eso se nota.

Según las palabras de Gilbert ser felices depende de las cosas más simples y no tiene nada que ver ni con el dinero, ni con tener un gran trabajo ni siquiera con tener hijos. Asegura que una de la cosas que nos hace más infelices es adelantar y preocuparnos por cosas que no están sucediendo y que eso es lo que tenemos que evitar.

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Yo con Bárbara utilicé esta fórmula. Viví el día a día sin esperar nada ni adelantar. Me ahorré un montón de sufrimiento.

“Los seres humanos infravaloran su propia resiliencia: no se dan cuenta de lo fácil que será cambiar su visión del mundo si ocurre algo malo. Constantemente sobredimensionan lo infelices que serán ante la adversidad” dice el psicólogo.

Adelantamos mucha tristeza. Mejor ahorrarsela, sin duda.

Me quedo con el último descubrimiento de Gilbert: «los estudios muestran que una escapada a París hace más feliz que comprar un coche deportivo. Invertir en experiencias es mejor que invertir en cosas materiales”.

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Ya sabéis que esta es mi filosofía de vida. Vivir y disfrutar. No hay nada que haga más feliz que hacerlo sin adelantar tristeza. 

Según el que más sabe de esto, esta es la receta para ser felices.

Buen fin de semana a todos!

4 comentarios en “La receta para ser feliz

    1. Gracias Lucía. Tu eres un poco como yo, de las que mamas que saben disfrutar del día a día con una sonrisa. Reirse de la vida ayuda mucho verdad? Me ha encantado la reflexión de este hombre: no hay que adelantar tristeza. Está bien recordarlo. Un beso enorme!

  1. Hola, Joana, soy el marido de “ una tal Andrea Gutiérrez”, padre de nuestras dos pequeñas revelaciones, Dafne y Nora, de 4 y 2 años. Te escribo porque al leer tu post también me has inspirado a escribir…

    A Andrea la tengo en mi vida desde hace casi 7 años, fíjate desde un 11 de septiembre de 2009,…¡Un 11 de septiembre!, el mundo gira entre la felicidad y la tragedia por ¿capricho?, ¿destino?,…providencia, más bien, ¿no?…El caso es que había pasado mis 30 años anteriores deambulando por la vida sin ton ni son, con la única certeza de que dentro de mí, alguien, algún día, sabría sacar lo mejor de mí mismo y esparcirlo por el mundo como esa luz que se espera ver una vez sales de la cueva. Y allí estaba ella, bella, con una sonrisa que es a la vez un cuadro y una canción porque igual que la ves, te excita; lo mismo que la oyes, te emociona.

    Entonces le conté que existía una ley de vida que yo llamaba “ley de compensación”, la cual se basaba en el hecho de que tras una mala jugada, la vida te proporcionaba una compensación, una victoria temporal para que siguieras jugando. Todo ello me hace pensar en las ganas de vivir, en la lucha de cada día, en entender que aunque tengas mil y una cosas, empezar de cero no es el fin sino el principio. No existen los dioses pero de existir, el verdadero dios es uno mismo.

    Andrea, mi mujer, mi esposa, mi amor, es de esas madres viajeras que sólo se describen en los cuentos para niños, que sólo se ven acompañando a sus hijas cada día, a todas horas, que dan pecho a sus hijas hasta que ellas decidan, que no duermen una noche entera desde hace 4 años, que dejan su trabajo por el empleo más difícil del mundo, la crianza con amor y con apego, que emplea el tiempo en hacer crecer en vivencias a esta familia,…Esa persona que aún hoy me dice que no es nadie y ¿qué he de contestarle yo? Que es esa persona a la que una vez has amado, ese amor ya nunca jamás podrá tener compensación.

    Ella y yo, una vez, tuvimos una escapada a París y oh, Ciudad de Luz, compañera en mi interior, pasear por tu seno con mi amor…eso fue el Elíseo en flor. Pero lo que Andrea no sabe, es que Andrea es París pero París no es Andrea.

    Esta semana pasada nuestra niña, Nora, sufrió una convulsión de fiebre y estuvo sin conocimiento unos cinco minutos; todo quedó en un susto pero nunca creí que mi mujer y yo fuéramos capaces de aguantar la respiración durante cinco minutos seguidos…Algo vendrá a compensarnos, ésa es la ley…y créeme que tiene que ser sublime porque para compensar algo así, ha de venir bendecido por las mieles de Apolo.

    Quién sabe, algún día Andrea y tú habléis de la compensación…Y conque la escuche sonreír, yo ya seré feliz.

    Sigamos viajando hasta el fin del mundo. Buenas noches.

    1. Hola Manuel, qué puedo decirte, solo «guauu, me has dejado pegada al ordenador leyéndote» qué suerte tiene Andrea de haberte encontrado y tenerte. Nunca me habían hablado de la teoría de la compensación, pero me gusta, me gusta mucho. La tendré en cuenta siempre a partir de ahora.
      Disfrutar mucho de vuestras dos niñas, veo que sois de los míos y lo hacéis. Un beso enorme de corazón!

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