Otra vez en la Paz

Toca revisión con la neonatóloga. Rutinaria y normal, no hay que preocuparse. Pero volver a esos pasillos me remueve por dentro. Siempre me pasa. Cruzo la puerta y zas, bofetada de recuerdos. No puedo evitarlo. En cada pared de La Paz hay una imagen pegada. Me cruzo con batas blancas y las miro, para ver si las conozco. Esa sensación de estar en casa en un hospital se hace rara. “Mi casa” está en otra parte, pero durante un tiempo la sentí allí.

 

Ando por los pasillos y me recuerdo a mi misma entrando y saliendo por aquella puerta, muerta de miedo pero feliz, cargada de energía pero también de incertidumbre. No sabía a qué me enfrentaba ni cuál sería el final. Sabía que iba a luchar, pero no si ganaría. El destino se puso de mi parte.

 

En la consulta de neonatología no todos han tenido mi misma suerte. Miro alrededor y veo niños con miradas perdidas, la cabeza caída, andando sin fuerza en las piernas…

Y el contraste es ella. Pega botes, se ríe a carcajadas y se acerca a todos los niños y les grita: HOLAAAAA! Así bien alto, para ver si juegan. A mi se me encoge el alma porque sé que ellos no pueden responderle.

Miro a los ojos a esas madres que me sonríen y me pregunto por qué me tocó a mi librarme. Por qué en el bombo del destino me salió la bola “sana”. ¿Una probabilidad entre cuántas?

Bárbara sigue dando botes y jugando y la enfermera que se muere de risa con ella, le acaba de regalar una galleta. Esta hija mía es un torbellino de alegría y yo allí sentada solo puedo mirarla y repetirme sin parar: “Johanna, te ha tocado la lotería”

Nos llaman y la neonatóloga que adora a Bárbara (porque la conoce desde la incubadora) me reconoce lo que salta a la vista: “está estupenda, no puede estar más simpática y más bonita, le vamos a hacer un test psicológico y si todo sale bien, no hace falta que vuelvas hasta dentro de un año”

Hoy la doctora tiene con ella a una joven residente y le cuenta rápido mi historia. La chica me mira y exclama: “¿800 gramos y 25 semanas? Increíble, nadie lo diría”

Lo sé. Tengo una deuda con la vida. Mi heronía prematura. Cuanto se aprende cuando tocas fondo. La vida es así. Arbitraria, justa o injusta, imprevisible. No sabemos lo que pasará mañana, ni qué bola no saldrá.

Comparto esta historia porque quiero que muchas mamas que me leen sepan que en ese pasillo de neonatología hay niñas como Bárbara. Tan trastos y sanas como ella. Que el final de la historia no está escrito y que la esperanza es lo último que se pierde.

Que en el bombo hay muchas bolas y que quizá no te tocó la primera “sana” pero te tocó la de “se curará”.

Y que salga la bola que salga, son nuestros hijos y nos enseñan a luchar, a vivir y a ser felices.

Un beso enorme a todas las mamas que están pasando o han pasado por algo así.

 

 

 

 

8 comentarios en “Otra vez en la Paz

    1. Gracias! Eso es, de todo se aprende, sobre todo eso. Y lo imporante para mi es no olvidar las lecciones. Bábara es una lección de vida, espero no olvidarlo nunca, un beso enorme

  1. Esos pasillos tb fueron nuestra casa, y tb la bola q salió del bombo fue la de la buena suerte. Porque si y porque en La Paz hay un grandísimo equipo. GRACIAS

  2. Mi hija fue de 26 semanas y 700 gramos. Empezó a andar a los 18 meses pero a hablar prontisimo, a los 2 años mantenia conversaciones perfectamente inteligibles. En AT y su neonatologa de la Paz alucinaba . El alta en AT se la dieron a los 2 añitos, super pronto. Jamas una bronquitis desde que salio de la incubadora. Jamas un ingreso. Entiendo lo que dices, por suerte con los avances de hoy cuando no tienen problemas graves en el periodo de incubadoralo más logico es que salgan adelante muy bien. La mia tiene 6 años y está genial.

    1. Que maravilla leerte y saber que hay más niños así. Bárbara sí tiene problemas en los pulmones y ha estado ingresada varias veces por Bronquiolitis, pero que todos nuestros problemas sean eso. Espero que otras mamas te lean y sepan que muchos niños salen adelante sin problemas, muchas gracias por contestar! Un beos enorme

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