Ruta con niños por Bretaña

Bretaña es naturaleza e historia, tan estética y maravillosa como imaginas. Sin duda es un destino perfecto para recorrerlo en coche en familia. Nuestro país vecino atrapa por muchas razones: su naturaleza, sus ciudades, su arquitectura y su gastronomía. Ha despertado mucha expectación e interés en redes y no me extraña. Bretaña con niños. Es  un viaje que hay que hacer una vez en la vida, fácil de organizar, que tiene  todos los ingredientes para que disfruten tanto niños como mayores.

Poetas, pintores y escritores cayeron rendidos ante los encantos bretones. Y es que esta tierra de corsarios, lagos y bosques, de ciudades medievales sin masas ni empujones, te hace vivir despacio y disfrutar de esa sensación de «bienestar» que a veces no es fácil de conseguir. La región gala más occidental parece un plan detox para cuerpo y alma.

Hicimos una ruta de 7 días en los que tuvimos un alojamiento fijo como centro de operaciones. Cada día recorríamos una media de 30-40 minutos hasta la primera parada del día, comíamos allí y después hacíamos otra visita por la tarde.

Creo que ha sido el éxito del viaje ha sido combinar esas visitas visitas culturales con la diversión de los niños porque todas las tardes volvíamos a nuestro alojamiento a jugar en las maravillosas instalaciones que tenía nuestro resort del que os hablé AQUI.

En nuestros viajes tengo clara una cosa «menos es más». No tenemos un planning super exigente de visitas y hay días que cambiamos sobre la marcha lo que queremos ver. La idea es disfrutar las ciudades, no ver todo corriendo. Creo que los destinos hay que vivirlos, no solo verlos…

Y cuando te enamoras de un ciudad te quedas, la paseas sin prisa… en Francia sentarse a comer un crepe o una gallete es un plan en sí mismo y eso es lo que intento. Que lo importante no sea sólo sacar la foto y pasar al siguiente. Sino crear recuerdos en cada rincón: juegos, anécdotas, tantas risas…

ruta bretana

Algunas de sus ciudades son como estar en una película medieval. Recuerdo a los niños corriendo y jugando por calles empedradas… sus casas con entramados de madera, su ambiente, sus plazas… El conjunto es un «todo» que atrapa y así me gusta vivir y disfrutar mis viajes. Creando recuerdos en familia. Y Bretaña tiene todo eso.

Os dejo el itinerario de nuestra ruta de siete días por esta tierra. BRETAÑA CON NIÑOS. 

DÍA 1. DOL DE BRETAGNE. El primer día nos lo tomamos con calma, para llegar e instalarnos en el alojamiento.  Elegimos esta bonita localidad para comer por su proximidad con nuestro hotel, no estaba en nuestra ruta y la improvisamos. Cuando nos bajamos del coche y vi esas calles me di cuenta de que en esta zona no hace falta buscar para disfrutar de calles preciosas. Bretaña es pura armonía. No busques belleza, está en todas partes. Dol de Bretagne fue mi primera gran sorpresa. Esta preciosa localidad está muy cerca de Mont Saint Michel y muchos la utilizan para ir a comer allí cuando visitan la abadía. Apuntala.

DÍA 2. Ese día estuvimos en COMBOURG, que tiene un precioso castillo.

Combourg está íntimamente ligado al más ilustre escritor romántico francés: Châteaubriand que vivió en este castillo durante su juventud. La visita nos gustó mucho a todos porque los alrededores del castillo tienen unos jardines preciosos donde los niños estuvieron jugando. Hay que dejarse llevarse atmósfera bucólica del lago Tranquille desde donde hay unas vistas preciosas del castillo. La vida de Combourg invita a disfrutar allí, a sentarse en una terraza y tomar un rico crepe.

DÍA 3. RENNES + VITRÉ. La capital de la región tiene más de dos mil años de antigüedad y es una ciudad universitaria con mucha vida en las calles. Rennes nos enamoró por muchas razones: sus terrazas con gente joven, sus bonitas casas con entramados de madera, y ese ambiente que encuentras en cada calle.

Una de las joyas turísticas de Rennes es el parlamento de Bretaña. El imponente edificio ha vivido más de un episodio destructivo. El primero en 1720. Un incendio que asoló gran parte de la ciudad, construida en madera como el propio palacio, durante nada  menos que seis días. Sin duda es un lugar que merece la pena visitar.

VITRÉ. Ese día comimos en Rennes pero por la tarde visitamos Vitré y su castillo. Vitré es otro precioso pueblo medieval que se articula en torno a un castillo. Otro lugar que me encantó.  El castillo es el mayor atractivo de la villa. Rodeado de un foso a los niños les encantó la visita. También merece mucho la pena la basílica de Vitré.

DÍA 4. DINAN + SAINT BRIAC SUR MER.  Y llegamos a Dinan, un lugar para disfrutar cada calle serpenteante, cada torre, cada comercio de artesanía local. Catalogada como Ville d’art e histoire, esta ciudad a los pies del río Rance, rodeada de tres kilómetros de murallas, es ideal para recorrer a pie y disfrutar de su belleza medieval. Si bien los días anteriores pudimos visitar las ciudades casi sin turistas, en Dinas sí que había gente…

bretana en familia

Dinan es como coger una máquina del tiempo. Destaca su castillo del siglo XIV. Era uno de mis puntos más deseados del viaje y no me decepcionó. Dinan es tal y como ves en las fotos. Tan estética y cuidada. Tan bonita. Parece intacta. Ese día probamos una de las famosas comidas bretonas: las galletes y los crepes. Y desde ese día ya no pudimos dejar de comerlas ja,ja… Que delicia. Este es otro de los placeres de este viaje: lo bien que se come.

SAINT BRIAC SUR MER. Ese día por la tarde nos acercamos a ver el mar. Fue una visita rápida que hicimos casi desde el coche porque los niños querían volver al resort a jugar en los toboganes. Pero sin duda el paisaje de esta zona de la costa bretona merece la pena.

bretana con ninos

DÍA 5. SAINT MALO. Dejamos atrás el mundo medieval y nos sumergimos en la época de los piratas, corsarios y grandes navegantes. Saint Malo me enamoró. Las callejuelas de la ciudad, las magníficas vistas a las playas con ese mar turquesa, el puerto, los fuertes y sus famosas mareas…Durante siglos fue una de las ciudades portuarias más importantes de Francia y de verdad os la recomiendo. Pasamos unas horas porque por la tarde nos esperaba uno de los platos fuertes del viaje: Saint Michel.

SAINT MICHEL. Saint Michel, el monte que se convierte en isla. Un lugar mágico. Un sueño. La primera vez que pones un pie allí y ves la abadía de lejos piensas que parece más un escenario de película que un lugar religioso. Saint Michel merece un post aparte completo y con detalles así que ampliaré información.

DÍA 6. SAINT MALO Y CANCALE. Este día repetimos visita a Saint Malo. Y si hubiera tenido más días creo que habría vuelto de nuevo sin parar. Recorrimos la ciudad en el tren turístico, una forma de ver todo de forma rápida con los niños. Y después cogimos una audioguía en español para conocer un poco la historia de esta preciosa ciudad.

Allí aprendimos que los habitantes de Saint Malo siempre desearon ser autónomos, y así en 1590 proclamaron su propia república bajo el lema «Ni franceses ni bretones, de Saint Malo somos”. Me encantaron todas las visitas de Bretaña pero Saint Malo fue mi lugar elegido para «ser feliz». Esa luz, ese mar, tiendas, restaurantes, ambiente…Uno de estos sitios en los que a uno le entran ganas de quedarse a vivir.

pero de los que se disfrutan sin prisa porque a pesar de ser una ciudad turistica Saint Malo es como toda Bretaña icono de la vida slow… Disfrutamos del mar, de su maravillosa playa y del encanto de esta ciudad.

CANCALE. Por la tarde cogimos un barco desde Cancale y nos fuimos a buscar delfines. Cancale es famoso tanto por su puerto como por sus ostras y mariscos. El plan de recorrer la Bahía de Saint Michel fue maravilloso. En la Bahía hay  cerca de 400 delfines que forman la mayor concentración de grandes delfines de Europa. Su campo de juego es la bahía del Mont-Saint-Michel y surcar las aguas buscándolos es maravilloso.

DÍA 7. FOUGERES.

Nuestro último día lo dedicamos a visitar uno de los castillos más impresionantes de Bretaña: el de Fougéres, que es la fortaleza más grande de Europa. Está situado en un promontorio rocoso rodeado de marismas y a los niños les encantó porque con la entrada te dan un audioguía en español que cuenta la historia de la fortaleza.  Además tiene varios montajes visuales y sonoros que hacen muy amena la visita.

Ese día pasamos la tarde en el resort, jugando, tirándonos en los toboganes de la piscina del resort y disfrutando de la maravillosa sensación de no hacer nada, que para eso son también las vacaciones.

Dicen que hay lugares donde uno se queda y otros  que quedan en uno. Yo me he traído a casa un trocito de Bretaña. Ójala no tardemos en volver.

 

Tenéis toda la información de qué ver y hacer en la zona en ESTA WEB

 

 

5 comentarios en “Ruta con niños por Bretaña

  1. Que pasada!!! lo tengo que mi lista este año hemos estado en la parte de Loira entonces sería muy seguido Francia.. pero me lo apunto, tengo en mente para este verano selva negra o Inglaterra los Costwolds ¿lo conoces? Mil gracias por todas tus inspiraciones.

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