Uzbekistan con niños

Aroa Casas, periodista, me escribió un mail: «en verano estuve en Uzbekistán con mi marido y mi hija de dos años. Fue un viaje sencillamente increíble. Parece que no es un destino para niños, pero sí, lo es. Y después de ver su post y leer su experiencia, estoy deseano visitarlo. Os va a sorprender! Vaya lujo este post y poder leer sobre este destino. Os dejo con ella!

¿A Uzbekistán? ¿Por vuestra cuenta? ¡Así es! Este fascinante país fue el destino que elegimos
el pasado mes de julio para ir de vacaciones con nuestra hija de dos años. Las caras de
familiares y amigos fueron una mezcla de desconocimiento y terror. Desde hacía tiempo teníamos en nuestra lista de deseos recorrer parte de la mítica Ruta de la Seda, así que tras informarnos de que no era ninguna locura viajar a ese país – tanto a través de fuentes oficiales como de contactos personales- decidimos iniciar nuestra aventura: trece días de viaje que nos ha llevado a las ciudades históricas de Jiva, Bujará y Samarcanda, con un muy breve paso por la capital, Tashkent. En realidad podríamos haber hecho este recorrido en menos días, pero para vivir cada lugar con tranquilidad, y más yendo con niños, es
imprescindible ir con tiempo de sobras. También por si hay algún contratiempo… ¡que lo hubo!

LOS PROS (MUY PROS) 
1. Sí, es un país seguro. Actualmente los destinos musulmanes y “todo lo que acaba en
“istán” parece que causa recelo. Aunque en el contexto actual todo puede cambiar en
un instante, hoy podemos decir que Uzbekistán es un país con garantías. Nosotros en
ningún momento sentimos ni miedo ni inseguridad, al contrario. El régimen autoritario
del país, en este sentido, ha actuado como freno a posibles desórdenes. Por eso son
habituales los férreos controles policiales en aeropuertos y carreteras.
2. Un destino exótico a pocas horas de viaje. Dentro de lo que cabe, viajar a Uzbekistán
no es un trayecto muy largo. La ida, vía Moscú, nos llevó unas 9 horas, mientras que la
vuelta, con una escala mayor en Estambul, supuso un par de horas más. Eso sí, hay que
tener en cuenta que los billetes de avión son la parte del viaje que requiere un mayor
desembolso económico.


3. Paseos accesibles… ¡y memorables! La mayoría de puntos de interés en Jiva y Bujará
se encuentran a un paseo, son ciudades planas y, en general, “cochecito-friendly”. El
centro histórico de Jiva es calmado: cero coches, luces tenues al anochecer y familias
arremolinadas en los portales haciendo vida social a la luz de la luna. Es como un
pueblo sacado de Las Mil y una noches. Bujará, en cambio, combina la enorme riqueza
cultural y arquitectónica con un ambiente mucho más animado. Por último,
Samarcanda y Tashkent son grandes ciudades y las distancias entre monumentos son
más largas, siendo necesario algún medio de transporte (taxi en nuestro caso).


4. Gente amable, hospitalaria y… ¡devota de los niños! Como en la mayoría de países
islámicos, el concepto de familia está muy arraigado en Uzbekistán. ¡Todo el mundo
adora a los más pequeños! Nuestra hija vino cargada de pulseritas, muñecos uzbecos,
bombones y otros pequeños obsequios ofrecidos por el personal de los hoteles o los
humildes tenderos de las calles de Jiva. Regalos que no pueden igualarse a los
momentos de juegos entre niños y las sonrisas que nos ofrecían tanto mayores como
pequeños, un recuerdo imborrable que permanecerá para siempre en nuestra
memoria y nos emociona.


5. Y al caer el sol… las calles Jiva y Bujará cobraban vida y se convertían en un gigantesco
patio de juegos y de reunión para las familias. A media tarde los niños salían de
cualquier portal y se acercaban a nosotros curiosos, con ansias de jugar y de
conocernos. En ciudades más grandes como Bujará y Samarcanda, puestos de globos, minions con led y hasta los mini-coches motorizados aparecían como por arte demagia en las plazoletas.
 6. Trenes… TOP! Tanto en los trayectos entre Bujará-Samarcanda como Samarcanda-
Tashkent hemos elegido el tren de alta velocidad como medio de transporte. ¡Es como
viajar en el AVE! De hecho, son trenes Talgo de fabricación española, así que… ¡como
en casa! Sin duda, fueron desplazamientos muy, muy cómodos de hora y media y dos
horas respectivamente. Sin embargo, este tipo de tren no existe para todos los
trayectos, así que hubo que acudir a los taxis compartidos para algunos
desplazamientos interiores, como por ejemplo, el largo y tedioso camino de Jiva a
Bujará, atravesando paisajes desértico-monótonos.


7. Alojamientos reseñables a buen precio. Cierto es que el coste del vuelo no es barato
pero una vez estás en el país existe una infinidad de establecimientos entre los que
elegir y con una relación calidad-precio muy buena. Nosotros alternamos diferentes
tipos: desde uno de los pocos hoteles con piscina en Jiva, a un bed and breakfast en el
caso de Samarcanda y Bujará, donde vivimos de cerca la experiencia uzbeca y
conocimos el país en compañía de familias auténticas, con peques incluidos.
8. Fotografías non-stop. Quizá este no es un punto atractivo para los peques, pero sí
para los mayores. La luminosidad que caracteriza a este país se suma a los incontables
rincones de una gran belleza estética y arquitectónica. Cualquier sitio es un lugar
privilegiado para sacar “fotones” a mansalva y más si tu hijo se convierte en el
protagonista de ellas. Sin duda el entorno es mágico y evocador.


9. Parques de atracciones. Las grandes ciudades uzbecas cuentan con un curioso
repertorio de parques de atracciones heredado de su pasado soviet. En Bukhara,
Samarcanda o la capital Tashkent no ha faltado en el perfil de las ciudades la silueta de
una noria: modelos bastante demodé cuyos estándares de seguridad no parecen ser
los mismos que puede haber en la Unión Europea. Si alguna tarde nos acercamos a
estas zonas de entretenimiento elegimos las atracciones más sencillitas (piscina de
bolas, inflables, etc…). Eso sí, nuestra hija no disfrutó en ningún sitio como con el juego
en las calles.
10. El encanto de lo poco “explotado”. Es algo que se percibe incluso en la actitud de los
tenderos, que no “acribillan” con ofertas a los viajeros, salvo en las ciudades más
grandes. Me temo que en pocos años veremos un Uzbekistán diferente porque su
potencial turístico es muy elevado así que ¡hay que aprovechar ahora! Aún hay vida
auténtica, pero algo nos hace pensar que poco va a durar. De hecho, en Bujhará ya
están construyendo hoteles frente a la plaza del Gran Minarete de Kalon. Es solo el
principio.

LOS CONTRAS (TOTALMENTE SUBSANABLES) 

1. Un sol que cae a trozos. Entre junio y agosto el calor aprieta de veras en Uzbekistán.
Durante nuestra estancia en el mes de julio las temperaturas fueron tipo Córdoba en
pleno agosto a las 14.00 de la tarde. Precisamente por este motivo, si no hay más
remedio que ir en los meses de verano, es preciso ir con días de sobra, ya que en las
horas de sol es mejor retirarse al hotel y acompañar a los peques en su siesta. La época
ideal para visitar el país es primavera o septiembre-octubre.


2. La seguridad en los vehículos. Pese a ser empedernidos amantes de la libertad,
alquilar un vehículo en Uzbekistán es prácticamente misión imposible, no hay oferta.
Además te expones a numerosos controles policiales por el camino. Lo habitual es contratar un servicio de taxi compartido para viajar entre ciudades. Por otro lado, el uso de sillas de seguridad en Uzbekistán no es obligatorio, por lo que es muy complicado encontrar uno de estos dispositivos allí, ni siquiera contratando el servicio a través de agencia. Si te quedas más tranquilo viajando con sillita, llévatela de casa.
Por cierto, tampoco son habituales las tronas en los restaurantes, pero sí las cunas en
los diferentes alojamientos.


3. La comida: opciones limitadas. Si tus hijos comen de todo no tendrán problema ni en
Uzbekistán ni en ningún rincón del mundo. Pero nuestra hija, en plena fase “terrible-
two”, nos lo puso difícil. La gastronomía es bastante monótona y el menú se limitó a
pan (eso sí, riquísimo), arroz con carne (en el plato típico plov), pinchitos de pollo y
ternera, lácteos y poco más. Si tus hijos adoran la pizza, la pasta, las legumbres o el
pescado… no les hagas sufrir yendo a Uzbekistán! Por suerte existen mini-markets
donde es fácil hacer acopio de provisiones, ya no solo de comida sino de pañales
desechables, toallitas, etc.
4. Y llegó la diarrea. Por mucho que nos lavamos los dientes con agua embotellada,
pelamos la fruta, etc… no nos salvamos del tsunami intestinal ninguno de los tres. Este
fue el principal contratiempo del viaje y, de hecho, tuvimos que acudir a un hospital en
Samarcanda ya que la pequeña presentaba síntomas de deshidratación. Como nuestro
seguro médico nos dejó literalmente tirados, fuimos a parar a un hospital público y,
aunque muy humilde y con carencias a nivel de infraestructuras, el trato fue
profesional, eficaz y entrañable.


5. ¿English? En dicho hospital, como en la mayoría de sitios, la gente no habla inglés. Hay
muy pocos uzbecos que conozcan este idioma, solo los empleados de los hoteles y
poco más. Lo normal es que hablen en el idioma local o, como mucho, algo de ruso.
Sorprendentemente, en cambio, usan los caracteres latinos más de lo que cabía
esperar, por ejemplo, en los rótulos de las carreteras. En cualquier caso hacerse
entender con una sonrisa siempre es fácil, y más en un país como este.

En resumen ¿es Uzbekistán un destino recomendable para ir con niños? Para nosotros
rotundamente sí, volveríamos a repetir la experiencia seguro, aunque probablemente no en
verano. Es un viaje inolvidable e impactante, no solo a nivel cultural sino también humano, que
nos ha puesto a prueba y nos ha hecho salir de nuestra zona de confort varias veces, pero…
¡eso también es viajar!

2 comentarios en “Uzbekistan con niños

  1. Fantástica reseña. Parece un destino aún por explotar a nivel turístico y esto lo hace más interesante. Nos han entrado muchas ganas de hacer este viaje. ¡Muchas gracias por la información!

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