Más allá de las tendencias: claves para crear una casa con personalidad

Las tendencias en decoración tienen algo atractivo: nos permiten descubrir nuevas combinaciones de colores, materiales, formas y maneras de entender los espacios. Cada temporada aparecen propuestas diferentes y, durante un tiempo, parece que todo gira alrededor de ellas.

Pero una vivienda no es una colección de tendencias. De hecho, cuando pensamos en las casas que más nos gustan, muchas veces no son aquellas en las que todo responde a un mismo estilo. Son espacios que parecen haber evolucionado con el tiempo, en los que conviven muebles nuevos con piezas antiguas, recuerdos de viajes con objetos cotidianos y elecciones decorativas que responden a la personalidad de quienes viven allí.

Decorar bien no consiste en reproducir un estilo, sino en conseguir que una casa tenga sentido para las personas que la habitan. Y para conseguirlo, no hace falta cambiar la decoración cada vez que aparece una nueva tendencia.

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Antes de decorar, piensa en cómo quieres vivir

La decoración suele empezar por una pregunta muy concreta: ¿qué necesitamos comprar? Sin embargo, quizá sea más interesante empezar por otra: ¿qué necesitamos que nos aporte nuestra casa?

No es lo mismo plantear un salón pensado para recibir visitas que uno en el que pasar largas tardes leyendo. Ni organizar una terraza de la misma manera si se utiliza para comer con amigos que si es el lugar donde desayunamos tranquilamente los fines de semana. La distribución, los muebles y los materiales deberían responder, en primer lugar, a esas necesidades. Después llegará el estilo.

Esta manera de plantear la decoración permite crear espacios más personales y, además, evita comprar determinados objetos simplemente porque en ese momento están de moda.

Una paleta de colores que no dependa de la temporada

Los colores son uno de los recursos más sencillos para transformar una vivienda. También uno de los que más expuestos están a las tendencias. Esto no significa que haya que renunciar a los colores que se llevan. La clave está en incorporarlos de una manera que no obligue a rediseñar toda la casa unos meses después.

Una buena opción es construir una base de tonos que nos resulte atemporal y utilizar los colores más especiales en elementos que puedan sustituirse con facilidad: textiles, pequeñas piezas decorativas, cuadros o incluso algún mueble auxiliar.

También podemos buscar inspiración fuera de las revistas de decoración. Un paisaje, una arquitectura, los colores de una ciudad o determinados materiales pueden convertirse en una paleta mucho más personal. Los colores del hogar y su influencia en los espacios pueden ser una buena referencia para encontrar combinaciones que, además de resultar estéticas, encajen con el ambiente que queremos crear.

No todo lo nuevo tiene que entrar en casa

Una vivienda gana personalidad cuando dejamos espacio para aquello que ya forma parte de nuestra historia. Puede ser un mueble heredado, una lámpara que nos acompaña desde otra casa, una vajilla especial o una pieza que encontramos hace años y que todavía nos gusta.

No es necesario que todos estos elementos encajen dentro de una misma tendencia. Precisamente su valor está en que aportan contraste y hacen que el interior no parezca diseñado siguiendo un catálogo. Mezclar es una de las mejores maneras de conseguir una decoración más personal. Una pieza contemporánea puede convivir con un mueble antiguo. Un diseño muy depurado puede compartir espacio con una cerámica artesanal. Incluso un objeto aparentemente fuera de lugar puede terminar convirtiéndose en uno de los elementos que más carácter aportan a una estancia.

Apostar por piezas que tengan algo que contar

En decoración, no todo tiene que ser nuevo ni producido en serie. La artesanía, por ejemplo, permite incorporar objetos con pequeñas imperfecciones, materiales naturales y procesos de elaboración que hacen que cada pieza tenga un carácter diferente. Una vajilla artesanal, una pieza de cerámica, un textil elaborado a mano o un mueble realizado en un pequeño taller pueden convertirse en puntos de interés dentro de una estancia.

No hace falta llenar la vivienda de este tipo de objetos. Una sola pieza bien elegida puede tener mucho más peso que una habitación llena de elementos decorativos. Además, apostar por piezas artesanales puede ser una manera de introducir materiales y técnicas vinculados al lugar en el que vivimos, haciendo que la decoración tenga también una relación con su entorno.

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Los objetos personales son los que marcan la diferencia

Hay una parte de la decoración que no se puede comprar siguiendo una tendencia: los recuerdos. Una fotografía familiar, los libros que siempre tenemos a mano, una colección que hemos ido formando poco a poco, un dibujo, una pieza que nos regalaron o algún recuerdo de un viaje. Son objetos que quizá no encajarían en una selección de “imprescindibles” para decorar una casa, pero que pueden ser precisamente los que consiguen que un espacio resulte reconocible.

No tienen que ocupar siempre el lugar más visible ni convertirse en protagonistas. Basta con que estén presentes de una manera natural. Porque una casa también se decora con aquello que hemos vivido.

Dejar que la vivienda cambie contigo

Una de las ventajas de no depender de las tendencias es que la decoración puede evolucionar de una manera mucho más natural. Los gustos cambian. También cambian las necesidades, la forma de utilizar las habitaciones y las circunstancias de quienes viven en ellas. Por eso, no hay que entender la decoración como algo que se termina el día que se coloca el último mueble.

Podemos pintar una pared unos años después, cambiar la distribución del salón, recuperar una pieza que teníamos guardada o incorporar nuevos objetos. Pequeñas modificaciones pueden transformar un espacio sin necesidad de sustituir todo lo anterior.

Una casa con personalidad no es una casa estática. Es un espacio que se adapta sin perder aquello que lo hace reconocible.

Inspirarse en las tendencias sin vivir pendiente de ellas

Seguir las tendencias no tiene por qué ser incompatible con crear una decoración personal. De hecho, pueden resultar muy útiles para descubrir nuevas posibilidades. Un color que nunca habíamos utilizado, una combinación de materiales o una determinada forma de distribuir el mobiliario pueden inspirarnos y terminar formando parte de nuestra casa.

La diferencia está en seleccionar y adaptar, en lugar de reproducir. No todo lo que funciona en una fotografía tiene que funcionar en nuestra vivienda. Y no todo lo que deja de aparecer en las revistas deja de tener sentido para nosotros. Por eso, más que preguntarnos qué se lleva esta temporada, podemos preguntarnos qué queremos conservar durante los próximos años.

Al final, las tendencias pueden ayudarnos a encontrar ideas. Pero son nuestras decisiones, nuestros objetos y nuestra manera de vivir los que terminan dando identidad a una casa.

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